Hola. Soy Kike Martín

Estoy aquí para ayudarte a conseguir un cuerpo saludable y compartir contigo toda mi experiencia como profesional. Cuenta conmigo desde este momento.

Esta es
mi historia

Hola que tal, mi nombre es Kike Martín, y quiero contarte mi historia. La historia que ha llevado hasta la creación de este proyecto.

Proyecto dónde estoy poniendo al alcance de todo el mundo la posibilidad de descubrir el método de ejercicio físico más eficiente y seguro que existe.

En realidad me lanzo a esta aventura después de haber descarrilado en varias ocasiones durante el “proyecto” de mí vida. Al menos en países como Estados Unidos, esto de meter la pata te da algo de prestigio, y credibilidad jejeje. Durante el proyecto de mi vida, como todos supongo, he pasado por baches, cuestas, bajadas desenfrenadas, alegrías y tristezas, pero para vosotros, mis lectores, parte de ese aprendizaje y experiencias vividas, quiero que os sirvan para evitar si lo deseáis, cometer algunos errores que hice, y poder elegir a tiempo un camino alternativo, evitando esos “disgustos”.

No, no os equivoquéis, volvería a vivir todo vivido de nuevo, sobre todo porque estoy muy feliz en el momento que me encuentro, y todo lo ocurrido en mi vida, ha dado como resultado quién soy, con quien estoy, y que estoy haciendo ahora. Y sin duda estoy sumamente feliz con mi situación actual.

La vida como he dicho es una aventura, una experiencia y por supuesto un aprendizaje. Mi intención con este proyecto, es la de ayudar a aquellos que comienzan a querer mejorar su condición física y salud, a que elijan el camino correcto y se eviten ese “aprendizaje” que tantos disgustos puede llegar a darles. Y por supuesto, a aquellos que ya están hace tiempo en marcha, tienen una mente abierta, y están dispuestos a eliminar dogmas y creencias, para conseguir su mejor versión, invirtiendo el tiempo justo y necesario para su salud y estética.

Empecemos. En un caluroso 13 de julio de 1974, nació en Zaragoza un lechoncete de casi 5 kg de peso. Pobre mami, en aquella época, parto natural 100%, ni epidural, ni leches.

Como afortunadamente para la mayoría de los niños españoles de aquella época, aquellos fueron unos maravillosos años. Vaya, un niño con sus problemas familiares y escolares como cualquier otro en mayor o menor medida, pero al fin y al cabo, feliz.

Como todos los niños, y sigo pensando lo mismo hoy en día, ese niño tenía que hacer algún tipo de actividad física. Mi madre decidió apuntarme a un club de karate del barrio. La verdad es que no nací para ser deportistas, y si bien es cierto que se me dan bastante bien las artes marciales, es niño, no era demasiado inquieto a nivel deportivo, y una tarde con 12 añitos, bajé a recoger mi cinturón azul de karate, y me di de baja del gimnasio, sin que mis padres supieran nada.

Mis padres se llevaron un gran disgusto con mi decisión, y no era para menos. Una mañana cualquiera en el parque, me metí en una partido de baloncesto de forma casual. Eran chicos de mi colegio que estaban jugando una tangana en verano. Aunque era extremadamente malo, la verdad es que me dejé los cuernos corriendo, subiendo, bajando, y haciendo lo que buenamente podía. Uno de los jugadores me animó a que me apuntara al equipo del colegio, y yo pensando más en dar una alegría a mis padres, así lo hice.

Vaya patán que era con la pelota. Además resulta que el resto del equipo eran unos auténticos cracks, ganando los campeonatos inter escolares de la provincia de Zaragoza. Eso sí, como yo me dejaba la piel defendiendo, animando como nadie, me gané un puesto en el equipo, y me permitió seguir en el mismo hasta terminar mis estudios de egb.

Bueno, se terminó el cole y teníamos que seguir practicando algún deporte o actividad física. El baloncesto estaba claro que no era lo mío, y el fútbol, ya os adelanto que tampoco. Aun recuerdo los largos veranos jugando en el parque, o saltando la valla de algún colegio para echar unos partidillos. Siempre me elegían de los últimos, jugando de portero o de reserva, vaya que no he nacido para estos deportes de pelota.

Entonces llegó la adolescencia, las chicas, la piscina, las fiestas, y el momento de empezarse a duchar y lavarse los dientes con mayor frecuencia, y sin ser obligado, jejejeje..

Ese momento de tontería profunda que todos hemos vivido. Al que se sumó la necesidad de ponerse “cachas”. Esos años 80 influenciados con personajes como Jean Claude Van dame, Stallone, y Arnold Schwarzenegger. A mí personalmente me cambiaron la vida, aunque puedo entender perfectamente que a otras personas no.

Pues nada, que empecé a buscar un gimnasio que estuviera cera de mi casa. Tenía uno que “sólo me constaba llegar andando” no más de 40 minutos. Tenía que atravesar a diario, un parque en el que había más de un yonki tomando heroína, o aspirando pegamento, el viento del cierzo, y el frío en invierno eran insoportables, y no se veía absolutamente nada en cuanto caía la noche. Vaya era “fantástico”.

Eso sí que era disciplina, todos los días lloviera, helara, o nevara, me pillaba la mochila, que mí maravillosa madre me tenía lista, y emprendía camino hacia el Gimnasio Seul.

Por aquel entonces, me pegaba más tiempo charlando que entrenando. Ahora entiendo a esa gente que se pega 3 a 4 horas en el gimnasio, echando la vista atrás. Por aquel entonces solo hablábamos de nuestros héroes televisivos, revistas de culturismo y poco más. Ni había body pump, ni zumba, pilates, spining etc. Pero ya empezamos a “perder el tiempo” por aquellos años, aunque solo fuera dándole a la sin hueso.

Entrenamientos copiados de revistas, técnicas poco depuradas, nada de biomecánica, gritos, y el que más peso levante es el más gallo del corral. Pero que divertido era aquello. Ahhh, y por supuesto con “cero” tecnología.

Pasaron los años, y cerca de mí casa en una nave industrial en la que curiosamente le había dicho a mí madre “que yo montaría allí un gimnasio”, efectivamente estaban preparando la abertura de un gran gimnasio. El gimnasio Elite, !!!toma castaña!!!, que hasta el nombre del gimnasio, era el que se me había ocurrido a mí, años antes cuando pasaba por delante de aquella fachada. Como bien dice mí esposa experta en couching, eso era una causualidad y no una casualidad.

Sin dudarlo me apunté a ese gimnasio. Adivinar quién fue el personaje que estrenó el gimnasio el mismo día de su abertura. Evidentemente el, mendas lerendas, o sea, yo. Hasta las mancuernas estaban sin colocar en su sitio, y la máquinas muchas de ellas todavía con los precintos puestos. 

Tal debía de ser mi entusiasmo que mi primer maestro “Juan José Manero”, me regalo una lata de batido de proteínas, !!!!guauuuu!!!!. Estaba tomando un batido de proteínas, en un pedazo de gimnasio, en la puerta de mi casa. Ni en mis mejores sueños. Si ya me pegaba horas muertas en el primer gimnasio que pisé que estaba a tomar por saco, imagínate en este. Vaya, que último en salir por la puerta todas las noches era yo, con mi buen amigo Juanjo Manero. Y de haber entrenado por ejemplo a otra hora del día, no preocuparse porque yo estaba allí de nuevo en la tarde para dar coba y echar una mano al compañero que hiciera falta.

Como tenía unos hombros y brazo bastante majos para mí edad, Juanjo me animó a que tomara la decisión de competir. Vaya que me faltó tiempo para decirle que sí. Aquí empezó realmente todo. Primeras competiciones, dietas varias, periodos de volumen en los que no tenía ni ropa para ponerme de lo gordo que estaba, bajadas de peso pasando más hambre que las ratas. Peleas con la novia, con mis padres, incomprensión por lo que estaba haciendo etc. etc.

El asunto de los esteroides por aquella época, no trascendía, por la falta de conocimiento, sobre todo por la ausencia de internet. Por supuesto que los he usado, y lo que más pena me da es ver que en cualquier deporte de élite, y el 99% de los competidores de fitness y culturismo, y muchísimos usuarios de gimnasio lo hagan, sin reconocerlo. Vaya que supongo que nadie se chupa el dedo, y dejando de lado si es bueno o malo, porque yo sigo pensando que simplemente es una opción, tenemos que tener en cuenta los problemas que nos pueden acarrear, de los cuales yo he sido víctima y culpable al mismo tiempo, y lo sigo siendo después de muchos años. Y por ello también parte de este blog de ayuda a aquellos que se encuentran frustrados con su situación física actual. Ni todo es tan fácil, ni tan difícil. Esto ya lo iréis viendo.

Me enganché al culturismo, sí me enganché a todos los niveles posibles. Puedo decir que tiene cosas excepcionales, y otras no tan buenas como muchas otras cosas en la vida.

Durante años, seguí compitiendo, entrenando, comiendo cantidades ingentes, y visitando preparadores deportivos con una supuesta “varita mágica”. Ojo, que de nuevo, reconocer que se aprende de todo, hasta del que menos sabe.

De repente un día, me dieron la gran oportunidad de ser director de un gimnasio. Un empresario hostelero, para el que trabajaba en uno de sus bares el fin de semana me ofreció un porcentaje y trabajar para el. Ojo, que yo acepté encantado, pero a día de hoy medito, y pienso, que descerebrado el coger a un chaval con buena planta, fuerte y educado para dirigir un negocio del que no tenía ni puñetera idea.

Pero creo que tuvo suerte, porque como para todo en mí vida, no quería defraudar a nadie, así que me puse las pilas y bien puestas. No creo que nadie haya metido más horas de trabajo, estudios, seminarios, formación etc etc, en definitiva el 100% de mi vida durante muchos años para un negocio del que únicamente cobraba una nómina.

Durante los primeros años de trabajo en el gimnasio, me descuidé mucho físicamente, pasando de mi dieta estricta, a comer bocadillos del bar, y en cuanto a los entrenamientos, eran sesiones de más de 2 horas en las que estaba más tiempo corrigiendo a otros clientes que entrenando yo mismo.

Mi familia había pasado de “soportarme”, con las dietas, entrenamientos y mala leche, a “soportarme”, por mis horas sin aparecer por casa, quebraderos de cabeza, fines de semana desaparecido, por trabajo, formaciones etc.

De este combate de mí vida van narrados dos asaltos en los que casi pierdo lo que más quiero, mi familia. Pero todavía nos queda el tercer asalto al que se añadió mí preciosa hija Claudia.

Me estabilicé en el negocio del gimnasio, cogí una buena inercia de trabajo y gestión, empezaron a rodar mejor las cosas, consolidé un buen equipo de trabajo, así que ni corto, ni perezoso en lugar de tranquilizarme, volví a liarla.

Tenía que volver a competir, y como haber quedado campeón de Aragón me sabía a poco, teníamos que ir a por un campeonato nacional, e intentar clasificar lo mejor posible en algún open de renombre nacional. ¿Por qué motivo?, pues todavía a día de hoy no lo tengo demasiado claro, pero así lo hice y de nuevo decir que no me arrepiento, porque al final estoy donde estoy ahora.

Vuelta a los entrenos, a la química, a buscar el preparador con la varita mágica, y a gastarme una fortuna en todo esto. Eso sí me lo podía permitir porque por otro lado el físico que tenía, me daba más credibilidad, y vendía mejor mis servicios como preparador. Cosa que discutiremos también en mi blog por diferentes post.. Bueno que me apañaba económicamente. Pero eso sí, los cimientos de mí relación familiar empezaron de nuevo a tambalearse.

Pasé por los servicios de dos preparadores de renombre, uno a nivel nacional, y como me supo a poco, contraté a un preparador de renombre internacional ex profesional del Olympia.

Todo se me fue de las manos. Supongo que muchos habrán podido soportar ese camino, entre otras cosas porque su familia y salud lo han soportado, o porque tienen un carácter magnífico, del que yo reconozco que en esas situaciones extremas de dieta y estrés no tengo.

Unido a mí trabajo de gerente en el gimnasio, y aprovechando el tirón como competidor me aventuré en montar una tienda de nutrición deportiva, dónde también asesoraba a futuros competidores. Me faltaban horas para llegar a todo, sesiones dobles de entrenamiento, batidos pre, post intra entreno, suplementación, dieta, gestión del negocio, gestión de la tienda, preparación de competidores, una locura…..

Y como no podía ser de otra manera, toqué fondo. Tal era mí nivel de estrés que los graves problemas de estómago que sufría y que acabaron con una gastroscopia, eran debidos a la suma de todos mis problemas emocionales.

Era el momento de terminar ese tercer asalto, e intentar salir victorioso de esta pelea. Llegó el momento de tomar una gran y dura decisión, abandonar la competición, los entrenamientos maratonianos, la planificación de los tapers para mis comidas, y abandonar el trabajo que tenía, todos esos motivos que habían colmado de tristeza, tanto a mí, como a mis seres más queridos.

Dejé todo, me centré en mí familia, y mi negocio en la tienda que me daba lo suficiente para vivir cómodamente. Los fines de semana y muchos momentos de cada día, eran para poder disfrutar de mi familia, de mi pequeña, de mi mujer. Era la vuelta a ser una persona “normal”, siendo “normal”, algo maravilloso.

No obstante seguía vinculado de alguna manera al mundo del fitness, pero necesitaba saber si había alguna alternativa menos costosa en inversión en tiempo y disciplina que me hiciera sentir bien.

Empecé a buscar en internet como muchos de vosotros supongo que habréis hecho, y descubrí a un experto en biomecánica, el Sr. Roberto Maragó, que predicaba un sistema de entrenamiento que ya en los 80 el magnífico Dorian Yates, había probado con magníficos resultados de manos de Mike Mentzer, otro competidor Olympia de los 70. Comencé a leer, y leer todo lo que se cruzaba por mis manos referente a ese tipo de entrenamiento, entrenamiento que dedicaba un máximo de 2 días por semana y unos 15 a 20 minutos de inversión en tiempo. Era perfecto para mí. Como anillo al dedo, el poder seguir entrenando duro y tener todo el tiempo del mundo para mí negocio y mi familia.

Pero esto de leer libros y aplicarlo en uno mismo no es tan fácil como parece. Resulta que no conseguía los resultados tan esperados que buscaba. Dos eran los principales motivos. El primero, la falta de intensidad en mis entrenamientos, y el segundo y creo que más importarte, el abandono de los anabolizantes y la pérdida de masa muscular etc, etc, que provocó el dejar de utilizarlos. Los esteroides hacen su función, y por maravilloso que sea un sistema, evidentemente estos te darán siempre una ventaja enorme.

Pero la suerte estaba de mí lado. Venía observando hacía tiempo a un cliente del gimnasio, que tan solo acudía a la instalación 2 a 3 veces por semana y no estaba más de 30 minutos entrenando.

Eso no era lo sorprendente, lo sorprendente para mí, era ver el nivel muscular de ese tipo, con una inversión tan corta en entrenamientos. Así que un día, y pensando en que podía conocer el sistema Heavy Duty que yo estaba intentado aplicar, le pregunté. Efectivamente él venía entrenando así desde sus comienzos, pero entrenaba ahora con más frecuencia, es decir hasta 3 días por semana, porque no tenía compañero de entrenamiento y no podía llevar tan lejos en intensidad de trabajo.

Le propuse la idea de entrenar juntos y que me enseñara el sistema “heavy Duty”. Fue el auténtico comienzo de toda esta nueva historia en mí vida. Entrenábamos tan duro que los 3 entrenamientos semanales pronto pasaron a ser 2, y de esos 2, a entrenar tal y como dice el protocolo original, es decir, una vez cada 4 a 5 días.

Esto empezaba a dar forma. Empecé a recuperar mis niveles hormonales, y con una alimentación sana, y sin volverme loco volví poco a poco a encontrarme mucho mejor. Evidentemente no con el tamaño que tenía cuando usaba todo tipo de sustancias, pero sí con muy buenas sensaciones y un tamaño muscular más que aceptable.

Era todo tan sorprendente, que necesitaba saber más, de el por qué invirtiendo menos tiempo en el gimnasio, podía conseguir los mismos o incluso mejores resultados.

Y las respuestas a todas esas preguntas estaban más cerca de lo que yo pensaba. Fue mí compañero de entrenamiento Alberto, el que destapó la caja de pandora. Me presentó al mayor estudioso de este sistema de entrenamiento que existía en España. El Sr. Jesús Tenías, propietario del gimnasio Sport Studio de Ejea de los Caballeros, se quedó tan sorprendido por mí entusiasmo respecto al sistema de entrenamiento, que me dio a descubrir varios libros sobre el entrenamiento de alta intensidad, todos ellos traducidos al castellano. Eran auténticas joyas de las que a día de hoy solo existen versiones en inglés, y yo era el afortunado de disponer de ellas para su estudio.

Fue un antes y un después, un descubrimiento absoluto. Se terminó de leer consejos en revistas, y empecemos a leer desde las bases de la fisiología y con experiencias y resultados probados en gente real, gente como tú y como yo, sin el uso de sustancias, sin ser deportistas de élite, ni poseer una genética excepcional.

Aquello fue por 2012, desde ese momento ya han pasado muños años de investigación, de formación continua, de desmitificación de muchos conceptos equivocados en cuanto a entrenamiento, nutrición y suplementación. En diciembre de 2014 era tal mí convencimiento de que el entrenamiento de alta intensidad que había conocido era tan eficiente, que decidí aventurarme y abrir el primer estudio junto a mí socio Alberto, de entrenamiento de Hist. El auténtico Hist, con una sola “i”, y no la variante de intervalos de la que mucha gente nos confunde llamada Hiit.

Y aquí seguimos, muchos años después y tras miles de entrenamientos en nuestra instalación Zep Zaragoza. El 95% de nuestros clientes entrenan de una vez máximo por semana, y con una inversión de no más de 20 minutos por entrenamiento. Todos, sin excepción han visto mejoras en algún apartado o de su estética o de su salud.

Unos han visto mejorar su fuerza, otros su tamaño muscular, otros han dejado de sufrir dolores articulares, otros junto a unos buenos hábitos nutricionales han bajado su nivel de grasa corporal de forma increíble, y todos han mejorado simplemente “que no es para menos” , su salud.

No te dejes engañar. Lo que ves en revistas, redes sociales, televisión, es lo que te quieren vender. Detrás de todos esos cuerpos esculturales aparte de evidentemente sacrificio y dieta “que nunca lo negaré”, en la mayoría de los casos, hay sustancias prohibidas que no van a reconocer que toman.

Y lo más importante de todo, y que no puedes elegir. Tu genética. Genética ligada a conseguir un físico atlético, musculado y libre de grasa. Esa genética que heredas de tus padres o abuelos, que de no tenerlos, difícilmente darán el resultado que se ve en esos privilegiados.

Son los cánones de belleza actuales los que consiguen frustrar a muchas personas que se apuntan a un gimnasio con el objetivo de conseguir algo que simplemente es inalcanzable para ellos. No digo que no lo intentes, simplemente digo que tengas en cuenta que hay factores que tienes que tener en cuenta.

En esta web y en mi proyecto Km Hist, te enseñaré que con menos se puede conseguir más. Ojo, con menos tiempo, no menos esfuerzo. Y que comer sano, no es comer arroz y pollo, sino que es mucho más que todo eso. Todo esto lo podrás ir descubriendo a través de mis artículos y vídeos o formando parte de la comunidad de seguidores del entrenamiento Hist. Para aquellos que queráis descubrir un nuevo mundo en el entrenamiento, con más tiempo para vosotros, vuestras familias, ocio o trabajo, y dejar de ser esclavos de los métodos tradicionales, o para los que todavía no habíais empezado, sea cual sea vuestra edad, y condición física actual, no podéis dejar pasar esta oportunidad de conocer a fondo Km Hist. Ser todos bienvenidos, nos vemos dentro…

método km hist

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