Hola. Soy Kike Martín

JUNTOS LO CONSEGUIREMOS
Estoy aquí para ayudarte a conseguir un cuerpo saludable y compartir contigo

toda mi experiencia como profesional. Cuenta conmigo desde este momento.

Es importante que sepas un poco más sobre mí

Hola. ¿Qué tal? Mi nombre es Kike Martín, y quiero que sepas un poco más de mi después de varios años de reflexión con la intención de poder guiarte, sea cual sea tu edad, a ti que te gustaría cuidar tu cuerpo, pero que lejos de conseguirlo por constantes frustraciones, o habiéndolo conseguido, has pagado un alto peaje que a la larga no te ha compensado. Personas como tú que necesitan un reseteo en su vida, una nueva inspiración, un nuevo proyecto, un cambio.

En realidad me lanzo a esta aventura después de haber descarrilado en varias ocasiones durante el “proyecto” de mi vida, un camino por el que todos tenemos nuestros baches, cuestas, bajadas desenfrenadas, alegrías y tristezas pero para ti, que me lees, darte la oportunidad de que algunas experiencias vividas que han sido mi aprendizaje para bien o para mal sean aquí expuestas y tengas la oportunidad de elegir ese mismo camino con tu dolor, o uno alternativo que te dejará respirar y disfrutar de tu día a día.

Te doy la oportunidad si todavía no has dado el paso, de tomar una decisión al menos con la opinión de mi persona, que probó o experimento eso mismo, y con la posibilidad de elegir otro camino y que los disfrutes al 100%.

Así es como empezó todo

Quiero contarte mi historia, la historia de cómo llego hasta esta web, de dónde estoy, poniendo al alcance de todo el mundo la posibilidad de descubrir el método de entrenamiento más eficiente y seguro que existe. En realidad me lanzo a esta aventura después de haber descarrilado en varias ocasiones durante el “proyecto” de mí vida, un camino por el que todos tenemos nuestros baches, cuestas, bajadas desenfrenadas, alegrías y tristezas, pero para vosotros, mis lectores, daros la oportunidad de que algunas experiencias vividas que han sido mi aprendizaje para bien o para mal sean aquí expuestas y den la oportunidad a más de uno de elegir ese mismo camino o uno alternativo.

No, no os equivoquéis, volvería a vivir todo de nuevo, todo es una aventura, una experiencia y, por supuesto, un aprendizaje; mi intención es dar la oportunidad al que todavía no ha dado el paso a tomar una decisión, al menos, con la opinión “vivida” por otra persona, que probó o experimentó eso mismo, y con la posibilidad de elegir otro camino antes de emprender otro posiblemente frustrante, y que los disfrutes en vuestra vida superen con creces los malos momentos.

Empecemos. En un día 13 de julio de 1974, nació en Zaragoza un lechoncete de casi 5 kg de peso. Pobre mami, en aquella época ni epidural ni leches.

Como, afortunadamente, para la mayoría de los niños españoles de aquella época, aquellos fueron unos maravillosos años. Vaya, un niño feliz, con sus problemas familiares y escolares como cualquier otro en mayor o menor medida.

Como todos los críos, ese niño tenía que hacer algún deporte. Mi madre decidió apuntarme a un club de karate del barrio. Pasaron los años y a nivel deportivo la verdad es que no era demasiado inquieto, así que un día de verano con 12 añitos, bajé al gimnasio, y por mí cuenta y riesgo recogí mí cinturón azul de karate, y como me aburría bastante decidí dejar de practicarlo, vaya un abandono en toda regla.

Para compensar el disgusto de mis padres, y después de jugar una tangana de “baloncesto” en el parque, un jugador del equipo de mí colegio me dijo que si me apetecería jugar. Ni corto ni perezoso, y para poder calmar los ánimos en casa me apunté al equipo del colegio de baloncesto. Vaya patán que era con la pelota. Además resulta que el resto del equipo eran unos cracks, ganando los campeonatos inter escolares de la provincia de Zaragoza. Eso sí, yo me dejaba la piel defendiendo y animaba como nadie desde el banquillo, y eso me permitió seguir en el equipo hasta el último año de curso.

Bueno, se terminó el cole, y teníamos que seguir practicando algún deporte. El baloncesto estaba claro que no era lo mío, y el fútbol, evidentemente, tampoco. Aun recuerdo los largos veranos jugando en el parque, o saltando la valla de algún colegio para echar unos partidillos, y siempre me elegían de los últimos, jugando de portero o de reserva, vaya que no he nacido para estos deportes de pelota.

Llegó la adolescencia, las chicas, la piscina, las fiestas, y el momento de empezarse a duchar y lavarse los dientes con mayor frecuencia y sin ser obligado, jejejeje… Ese momento de tontería profunda que todos hemos vivido. Al que se sumó la necesidad de ponerse “cachas”. Esos años 80, con Van Dame, Stallone, y Arnold Schwarzenegger, que mal nos hicieron a algunos, o que bien, en mí caso la balanza me dice que, al menos, he vivido de ello hasta día de hoy.

Pues nada, que empecé a buscar un gimnasio que estuviera cerca de mi casa, y tenía uno que sólo me constaba llegar andando no más de 40 minutos, atravesando un parque en el que había más de un yonki, en el que el cierzo y el frío en invierno eran insoportables, y no se veía absolutamente nada en cuanto caía la noche. Vaya, era fantástico. Eso sí que era disciplina. Todos los días, lloviera, helara o nevara, me pillaba la mochila, que mí maravillosa madre me tenía lista, y me iba caminado al gym. Me pegaba más tiempo charlando que entrenando. Ahora entiendo a esa gente que se pega 3 a 4 horas en el gimnasio, echando la vista atrás. Por aquel entonces solo hablábamos de nuestros héroes televisivos, revistas de culturismo y poco más. Ni había body pump, ni zumba, pilates, spinning etc., etc. Pero ya empezabamos a “perder el tiempo” por aquellos años, aunque solo fuera dándole a la sin hueso.

Entrenamientos copiados de revistas, técnicas poco depuradas, nada de biomecánica, gritos, y el que más peso levante es el más macho del corral. Pero que divertido era aquello. Ahhh, y por supuesto con “zero” tecnología.

Pasaron los años, y cerca de mí casa, en una nave industrial en la que, curiosamente, le había dicho a mí madre que “yo montaría allí un gimnasio”, efectivamente estaban preparando la abertura de un gran gimnasio. El gimnasio Elite ¡Toma castaña! que hasta el nombre era el que se me había ocurrido años antes, cuando pasaba por delante de aquella fachada. Como bien dice mí esposa experta en coaching, eso era una “causualidad” y no una casualidad.

Nos apuntamos entonces a ese gimnasio. El primero en entrenar en aquellas instalaciones, adivinar quién, fue evidentemente el mendas lerendas. Hasta las mancuernas estaban sin colocar en su sitio y la máquinas, muchas de ellas, todavía con los precintos puestos.

Tal debía de ser mi entusiasmo que, mi primer gran maestro, Juan José Manero me regalo una lata de batido de proteínas ¡Guauuuu! Estaba tomando un batido de proteínas, en un pedazo de gimnasio, en la puerta de mi casa. Vaya todo un sueño. Si ya me pegaba horas muertas en el primer gimnasio que pisé que estaba a tomar por .…., imagínate en este. Vaya, que el último en salir por la puerta todas las noches era yo con mi buen amigo Juanjo. Y de haber entrenado a medio día, no preocuparse, porque yo estaba allí de nuevo en la tarde para dar coba y echar una mano al compañero que hiciera falta.

Como tenía unos hombros y brazo bastante majos para mí edad, Juanjo me animó a que tomara la decisión de competir. Vaya que me faltó tiempo para decirle que sí. Aquí empezó realmente todo. Primeras competiciones, dietas varias, periodos de volumen en los que no tenía ni ropa para ponerme, bajadas de peso pasando más hambre que las ratas. Peleas con la novia, con mis padres, incomprensión por lo que estaba haciendo, etc. etc. Y menos mal que se mantenía parcialmente oculto lo que nadie habla sobre esto, sí, sí, los famosos esteroides. Por supuesto que los he usado, y lo que más pena me da es ver que en cualquier deporte de élite, y el 99% de los competidores de fitness y culturismo, y muchísimos usuarios de gimnasio lo hagan, pero muchos de ellos no lo reconocerán jamás. Vaya que supongo que nadie se chupa el dedo, y dejando de lado si es bueno o malo, porque yo sigo pensando que simplemente es una opción, tenemos que tener en cuenta los problemas que nos pueden acarrear, de los cuales yo he sido víctima, y sigo siendo después de muchos años. Y es por ello que parte de este blog ayude a aquellos que se encuentran frustrados con su situación física actual. Ni todo es tan fácil, ni tan difícil. Ya lo iréis viendo en mis post.

Me enganché al culturismo, sí me enganché a todos los niveles. Puedo decir que tiene cosas excepcionales y otras no tan buenas, como muchas otras cosas en la vida.

Seguimos compitiendo, entrenando, comiendo cantidades ingentes de alimento, visitando preparadores con varita “mágica”, pero no obstante, siempre, siempre aprendiendo.

UNA NUEVA ETAPA EN MI VIDA

Tanto que aquí viene otra gorda. El día en que me dieron la gran oportunidad de ser director de un gimnasio. Ojo, que yo acepté encantado, pero a día de hoy medito y pienso, que descerebrado el coger a un chaval con buena planta, fuerte y educado para dirigir un negocio del que no tenía ni puñetera idea. Bueno, pero como para todo en mí vida, no quería defraudar a nadie, así que me puse las pilas y bien puestas. No creo que nadie haya metido más horas de trabajo, estudios, seminarios, formación etc. etc., en definitiva el 100% de mi vida durante muchos años para un negocio del que únicamente cobraba una nómina.

Durante los primeros años de trabajo en el gimnasio, me descuidé mucho físicamente, pasando de mi dieta estricta, a comer bocadillos del bar de al lado, y en cuanto a los entrenamientos, eran sesiones de más de 2 horas en las que estaba más tiempo corrigiendo a otros clientes que entrenando yo mismo.

Mi familia había pasado de “soportarme” con las dietas, entrenamientos y mala leche, a “soportarme” por mis horas sin aparecer por casa, quebraderos de cabeza, fines de semana desaparecido por trabajo o formaciones etc. etc.

De este combate de mí vida van narrados dos asaltos en los que casi pierdo lo que más quiero, mi familia. Peo todavía nos queda el tercer asalto, al que se añadió mí preciosa hija Claudia.

Me estabilicé en el negocio del gimnasio, cogí una buena inercia de trabajo y gestión, empezaron a rodar mejor las cosas, consolidé un buen equipo de trabajo, así que ni corto ni perezoso, en lugar de tranquilizarme, volví a liarla.

Tenía que volver a competir, y como haber quedado campeón de Aragón me sabía a poco, teníamos que ir a por un campeonato nacional, e intentar clasificar lo mejor posible en algún open de renombre nacional. ¿Por qué motivo? Pues todavía, a día de hoy, no lo tengo demasiado claro, pero así lo hice, y de nuevo decir que no me arrepiento.

Vuelta a los entrenos, a la química, a buscar el preparador con la varita mágica y a gastarme una fortuna en todo esto. Eso sí, me lo podía permitir porque por otro lado el físico que tenía me hacía vender mejor mis servicios como preparador. Cosa que discutiremos también en mi blog por diferentes posts… Bueno, que me apañaba económicamente. Pero eso sí, los cimientos de mí relación familiar empezaron de nuevo a tambalearse.

Pasé por los servicios de dos preparadores de renombre, uno a nivel nacional, y como me supo a poco, contraté a un preparador de renombre internacional. Todo se me fue de las manos. Supongo que muchos habrán podido soportar ese camino, entre otras cosas porque su familia y salud lo han soportado, o porque tienen un carácter magnífico del que yo reconozco que, en esas situaciones extremas de dieta, no tengo.

Unido a mí trabajo de gerente en el gimnasio, y aprovechando el tirón como competidor, me aventuré en montar una tienda de nutrición deportiva, dónde también asesoraba a futuros competidores. Me faltaban horas para llegar a todo: sesiones doble de entrenamiento, batidos pre, post intra entreno, suplementación, dieta, gestión del negocio, gestión de la tienda, preparación de competidores, una locura…Y como no podía ser de otra manera, toqué fondo. Tal era mi nivel de estrés que, los graves problemas de estómago que sufría, y que acabaron con una gastroscopia, eran debidos a la suma de todos mis problemas emocionales.

TERMINA LA ETAPA ANTERIOR. UN NUEVO COMIENZO

Era el momento de terminar ese tercer asalto, e intentar salir victorioso de esta pelea. Llegó el momento de tomar una gran y dura decisión, abandonar la competición, los entrenamientos maratonianos, la planificación de los tuppers para mis comidas, y abandonar el trabajo que tenía, todos esos motivos que habían colmado de tristeza a mi y a mis seres más queridos.

Dejé todo, me centré en mí familia y mi negocio en la tienda que me daba lo suficiente para vivir cómodamente. Los fines de semana y muchos momentos de cada día, eran para poder disfrutar de mi familia, de mi pequeña, de mi mujer. Era la vuelta a ser una persona “normal”, siendo “normal” algo maravilloso.

No obstante seguía vinculado de alguna manera al mundo del fitness, pero necesitaba saber si había alguna alternativa menos costosa en inversión en tiempo y disciplina que me hiciera sentir bien.

Empecé a buscar en internet, como muchos de vosotros supongo que habréis hecho, y descubrí a un experto en biomecánica, el Sr. Roberto Maragó, que predicaba un sistema de entrenamiento que, ya en los 80, el magnífico Dorian Yates había probado con magníficos resultados de manos de Mike Mentzer. Comencé a leer y leer todo lo que se cruzaba por mis manos referente a ese tipo de entrenamiento, entrenamiento que dedicaba un máximo de 2 días por semana con unos 15 a 20 minutos de inversión en tiempo. Era perfecto para mí. Como anillo al dedo, el poder seguir entrenando duro y tener todo el tiempo del mundo para mi negocio y mi familia. Pero esto de leer libros y aplicarlo en uno mismo no es tan fácil como parece. Resultaba que no conseguía los resultados tan esperados que buscaba. Dos eran los principales motivos, el primero la falta de intensidad en mis entrenamientos y la segunda, y creo que más importarte, el abandono de los anabolizantes y la pérdida de masa muscular etc., etc., que provocó el dejar de utilizarlos.

EL MÉTODO HIST. MI GRAN DESCUBRIMIENTO.

Pero la suerte estaba de mí lado. Venía observando hacía tiempo a un cliente del gimnasio que tan solo acudía a la instalación de 2 a 3 veces por semana y que no estaba más de 30 minutos entrenando. Eso no era lo sorprendente, lo sorprendente era ver el nivel muscular de ese tipo con una inversión tan corta en entrenamientos. Así que un día, y pensando en que podía conocer el sistema Heavy Duty que yo estaba intentado aplicar, le pregunté. Efectivamente, él venía entrenando así desde sus comienzos, pero entrenaba ahora con más frecuencia, es decir hasta 3 días por semana, porque no tenía compañero de entrenamiento y no podía llevar tan lejos la intensidad en las sesiones de trabajo.

Le propuse la idea de entrenar juntos y que me enseñara su sistema de entrenamiento Heavy Duty. Fue el auténtico comienzo de toda esta nueva historia en mi vida. Entrenábamos tan duro que los 3 entrenamientos semanales pasaron a 2, y de esos 2 a entrenar tal y como dice el protocolo real, cada 4 o 5 días.

Esto empezaba a coger forma. Empecé a recuperar mis niveles hormonales, y con una alimentación sana y sin volverme loco, volví poco a poco a encontrarme bien. Evidentemente no con el tamaño que tenía cuando usaba todo tipo de sustancias, pero sí con muy buenas sensaciones y un tamaño muscular más que aceptable para mucha gente.

Era todo tan sorprendente que necesitaba escarbar más en el por qué, invirtiendo menos tiempo en el gimnasio, se conseguían los mismos o incluso mejores resultados. Y las respuestas a todas esas preguntas estaban más cerca de lo que yo pensaba. Fue mí compañero de entrenamiento Alberto Arriazu el que destapó la caja de Pandora. Me presentó al mayor estudioso de este sistema de entrenamiento que existía en España. El Sr. Jesús Tenías, propietario del gimnasio Sport Studio de Ejea de los Caballeros, se quedó tan sorprendido por mi entusiasmo respecto al sistema de entrenamiento que me dio a descubrir varios libros sobre el entrenamiento de alta intensidad, todos ellos traducidos al castellano. Eran auténticas joyas de las que, a día de hoy, solo existen versiones en inglés, y yo era el afortunado de disponer de ellas para su estudio.

Fue un antes y un después, un descubrimiento absoluto. Un se terminó de leer consejos en revistas y empecemos a leer desde las bases de la fisiología, con experiencias y resultados probados en gente real, gente como tú y como yo, sin el uso de sustancias, sin ser deportistas de élite, ni poseer una genética excepcional.

Desde ese momento ya han pasado 3 años de continua investigación, de formación continua, de desmitificación de muchos conceptos equivocados en cuanto a nutrición y suplementación. En diciembre de 2014 era tal mí convencimiento de que el entrenamiento de alta intensidad que había conocido era tan eficiente, que decidí aventurarme y abrir el primer estudio de entrenamiento de Hit junto a mi socio Alberto Arriazu, El auténtico Hit, con una sola “i”, y no la variante de intervalos, con la que mucha gente nos confunde.

Y aquí estamos, dos años después y tras miles de entrenamientos en nuestra instalación Zep Zaragoza. Todos nuestros clientes entrenan de 1 a un máximo de 2 veces por semana, y con una inversión de no más de 20 minutos por entrenamiento. Todos, sin excepción, han visto mejoras en algún apartado físico. Unos han mejorado su fuerza, otros su tamaño muscular, otros han dejado de sufrir dolores articulares, otros, junto a unos buenos hábitos nutricionales, han bajado su nivel de grasa corporal de forma increíble, y todos han mejorado sus salud.

No te dejes engañar. Lo que ves en revistas, redes sociales, televisión, es lo que nos quieren vender. Detrás de todos esos cuerpos esculturales, aparte de evidentemente sacrificio y dieta, hay en muchos casos, sustancias prohibidas que no van a reconocer tomar, y lo más importante y que no se puede elegir, la genética con la que uno nace. La predisposición ante el ejercicio y la nutrición de tener un aspecto determinado.

Son los cánones de belleza actuales los que consiguen frustrar a muchas personas que se apuntan a un gimnasio con el objetivo de conseguir algo que simplemente es inalcanzable para ellos. No digo que no lo intentes, simplemente digo que tengas en cuenta que hay factores que tienes que considerar.

Aquí te enseñaré que con menos se puede conseguir más, ojo, con menos tiempo, no menos esfuerzo. Y que comer sano, no es comer arroz y pollo, sino que es mucho más que todo eso. A su vez, también es también sencillo y complicado comer sano. Todo esto se irá desgranando en mis posts, y para aquellos que quieran descubrir un nuevo mundo con más tiempo para ti y menos esclavo del gimnasio, podéis contratar mis servicios a través de esta misma web.

 
 

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En realidad me lanzo a esta aventura después de haber descarrilado en varias ocasiones durante el “proyecto” de mi vida, un camino por el que todos tenemos nuestros baches, cuestas, bajadas desenfrenadas, alegrías y tristezas pero para ti, que me lees, darte la oportunidad de que algunas experiencias vividas que han sido mi aprendizaje para bien o para mal sean aquí expuestas y tengas la oportunidad de elegir ese mismo camino con tu dolor, o uno alternativo que te dejará respirar y disfrutar de tu día a día.

Te doy la oportunidad si todavía no has dado el paso, de tomar una decisión al menos con la opinión de mi persona, que probó o experimento eso mismo, y con la posibilidad de elegir otro camino y que los disfrutes al 100%.

Así es como empezó todo

Todo empezó en mi adolescencia cuando me apunté al primer gimnasio en el que pasábamos tardes interminables entrenando. Mis entrenamientos se basaban en lo que veía en las revistas y sin ninguna base científica, sólo pensaba en mover peso sin darle la importancia que tiene la postura y un movimiento correcto en la ejecución de los ejercicios.

Pasaron los años y cambié de gimnasio, abrieron uno nuevo cerca de mi casa, era perfecto y tenía unas máquinas impresionantes que tuve la suerte de estrenarlas, por cierto. Juan José Manero fue quien allí me enseñó a entrenar. Él fue mi maestro y me animó a que tomara la decisión de competir por primera vez. Y aquí es donde empezó todo: Primeras competiciones, dietas varias, periodos de volumen en los que no tenía ni ropa para ponerme, bajadas de peso pasando muchísima hambre, peleas con la novia, con mis padres, incomprensión por lo que estaba haciendo y un largo etcétera.

Me enganché al culturismo y sí, me enganché a todos los niveles. Puedo decir que tiene cosas excepcionales, y otras no tan buenas como muchas otras cosas en la vida. Sigo compitiendo, entrenando, comiendo cantidades ingentes de alimento, visitando preparadores con barita “mágica”, pero no obstante, siempre, siempre, aprendiendo.

UNA NUEVA ETAPA EN MI VIDA

Por aquel entonces me dieron la oportunidad de trabajar en un gimnasio y que acepté con mucha ilusión. Durante los primeros años de trabajo me descuidé mucho físicamente, pasando de mi dieta estricta, a comer bocadillos del bar de al lado, y en cuanto a los entrenamientos, eran sesiones de más de 2 horas en las que estaba más tiempo corrigiendo a otros clientes que entrenando yo mismo.

Me estabilicé en el negocio del gimnasio, cogí una buena inercia de trabajo y gestión, empezaron a rodar mejor las cosas, consolidé un buen equipo de trabajo pero en lugar de tranquilizarme, volví al mundo del culturismo.

Tenía que volver a competir, y como haber quedado campeón de Aragón me sabía apoco, teníamos que ir a por un campeonato nacional, e intentar clasificar lo mejor posible en algún open de renombre nacional. ¿Por qué motivo? Todavía a día de hoy no lo tengo demasiado claro, pero así lo hice y de nuevo decir que no me arrepiento.

Unido a mí trabajo de gerente en el gimnasio, y aprovechando el tirón como competidor me aventuré en montar una tienda de nutrición deportiva, dónde también asesoraba a futuros competidores.

TERMINA LA ETAPA ANTERIOR. UN NUEVO COMIENZO

Llegó el momento de tomar una gran y dura decisión, abandonar la competición, los entrenamientos maratonianos, la planificación de los tappers para mis comidas, y abandonar el trabajo que tenía, todos esos motivos que habían colmado de tristeza a mí y a mis seres más queridos. Era la vuelta a ser una persona “normal”, siendo “normal”, algo maravilloso.

No obstante seguía vinculado de alguna manera al mundo del fitness, pero necesitaba saber si había alguna alternativa menos costosa en inversión en tiempo y disciplina que me hiciera sentir bien.

EL MÉTODO HIST. MI GRAN DESCUBRIMIENTO

Venía observando hacía tiempo a un cliente del gimnasio, que tan solo acudía a la instalación 2 a 3 veces por semana y no estaba más de 30 minutos entrenando. Eso no era lo sorprendente, lo sorprendente era ver el nivel muscular de ese tipo con una inversión tan corta en entrenamientos. Le propuse la idea de entrenar juntos y que me enseñara su sistema de entrenamiento “Heavy Duty”. Fue el auténtico comienzo de toda esta nueva historia en mí vida. Entrenábamos tan duro que los 3 entrenamientos semanales pasaron a 2, y esos 2 a entrenar tal y como dice el protocolo real cada 4 a 5 días.

Desde ese momento ha sido continua la investigación y formación, eliminando dogmas sobre nutrición, ejercicio y suplementación. En diciembre de 2014 era tal mi convencimiento de que el entrenamiento de alta intensidad que había conocido era tan eficiente, que decidí aventurarme y abrir el primer estudio junto a mi socio Alberto Arriazu, de entrenamiento de Hist. El auténtico HIST, entrenamiento de fuerza de alta intensidad, y no de intervalos.

Y aquí estamos, dos años después y tras miles de entrenamientos en nuestra instalación Zep Zaragoza. Todos nuestros clientes entrenan de una a un máximo de 2 veces por semana, y con una inversión de no más de 20 minutos por entrenamiento. Todos, sin excepción han visto mejoras en algún apartado físico. Unos han mejorado su fuerza, otros su tamaño muscular, otros han dejado de sufrir dolores
articulares, otros junto a unos buenos hábitos nutricionales.

 

 

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